Café Brasil

Sexta,18 Maio 2012

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Sin disculpas

Estoy transformando mis libros al sistema electrónico (ebooks). Busqué información y me dijeron que yo mismo podría hacerlo, pero frente al primer “tutorial” desistí. Es necesario tener una lesión cerebral para convivir con tutoriales. Busqué entonces varias alternativas de servicios para realizar el trabajo y fui abrumado por toneladas de “vea bien”, “puede ser”, “talvez”... De cada lado una información diferente, sin contar los irritantes “¡ah, pero es tan fácil!”. Solicité presupuestos, recibí cada locura. Sin contar las amenazas de tipo “Vea, si no lo hace así y asá usted será pirateado, desechado, incompatibilizado”.Seis meses después yo me encontraba en el mismo punto cero.

Inicié el plan B: proveedores de fuera de Brasil. En un blog de los Estados Unidos hallé referencias, mandé un e-mail para el primer indicado y algunas horas después recibí respuesta: “no puedo hacerlo por ser en portugués, pero conozco a quien lo hace”. En minutos yo estaba en contacto con el proveedor del servicio, que me respondió con una practicidad impactante: Sí se puede hacer, y es así que funciona, toma diez días y cuesta entre 150 y 400 dólares. Y lo hacemos para el Kindle y el ePub, dos de los sistemas de lectores electrónicos más populares.

Envié los archivos y por e-mail recibí un presupuesto inteligente. En cada ficha una instrucción, un download, una explicación. Precio: 340 dólares. Bueno, resumiendo el asunto: dos semanas después el libro está prácticamente listo, sin estrés, sin lloriqueos ni disculpas.

Reflexioné sobre la diferencia entre hacer negocios con los proveedores brasileños y con el norteamericano y descubrí que lo que más me llamó la atención fue algo bien prosaico:

- ¡Él cree en mí!

Sí. Credibilidad. El proveedor de los EUA creyó en todo lo que le dije y cumplió todo lo que prometió, haciendo con que yo creyese en él. No hubo “cayó el sistema”, “el correo entró en huelga”, “me quedé sin conexión”, “faltó un técnico”, “subió el dólar” o “el tránsito estaba lento”. No hubo “no acepto PDF”, “no puede usar colores”, “fue feriado”, “mándemelo por correo especial” o “no acepto tarjetas de crédito”... Sin disculpas. Se puede hacer, es así como se hace, cuesta tanto y listo.

Mi interlocutor sabía de lo que estaba hablando, me orientó con precisión, ofreció todos los medios de acceso, respondió a todas las preguntas inmediatamente y cuando creyó que no era posible dijo: “No se puede”. Sin “talvez”, “voy a ver”, “llame más tarde”.

En Brasil, acostumbrados a no creer en los otros, siempre dejamos un colchón enorme tras las negociaciones. Ya esperamos por el atraso, por los problemas de calidad, por la entrega diferente de lo prometido, por las excepciones que son las reglas, por la “intuición” del especialista y por las disculpas, las disculpas, y las disculpas...
Libre de la red de disculpas que caracteriza los negocios en Brasil, quedé, como la gente decía allá en mi terruño, alelado. Sentí una sensación extraña, agradable, que me dejó curioso:

- ¿Qué es lo que será?

Era profesionalismo.

Luciano Pires

Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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