Un amigo me llama para acordar un almuerzo. Él es un alto ejecutivo y me confiesa estar tan desgastado con la empresa, que ya no se siente motivado para continuar. Quiere iniciar su propio negocio y gustaría saber si yo podría aconsejarle. Y allá fui yo, intentando no caer en la obviedad:
“Es obvio que estás sabiendo que en el momento en que dejes la empresa, perderás todo aquello que en el contexto social hace de ti una persona importante: la etiqueta de la empresa, el carro del año, las reuniones importantes, los adulones de turno, el poder. Por el lado material esos efectos pueden ser trabajados, dependiendo de tu eficiencia profesional. El problema es el lado intangible, lo que pasará dentro de tu cabeza.
Empieza con lo que yo llamo “timeframe”: define un plazo. ¿Cuándo es que quieres salir? ¿De aquí en seis meses? ¿Cinco años? Esta primera definición es fundamental, es ella la que orientará tus elecciones de aquí en adelante.
Otra cosa imprescindible: Debes crearte una protección emocional.”
Ante la expresión de curiosidad de mi amigo, continué: “Lo que más me incomodó desde que dejé el universo corporativo fue mantener la estabilidad emocional cuando me vi ‘desimportante’: esperando en las recepciones, encontrando resistencia para agendar reuniones, siendo desairado por clientes y no teniendo un equipo que me dé respaldo. Por el lado financiero también hubo un frenazo. Sin el salario garantizado tenía que repensar cada inversión, no podría más dar a mi familia ciertas comodidades sin preocupación. Sin una protección emocional estas constataciones derriban nuestra autoestima, hacen con que cuestionemos nuestra capacidad para resolver problemas, nos dejan amargados, colocan el trabajo que hacemos en jaque. Si tú no te preparas emocionalmente, entrarás en una espiral destructiva, perderás el deseo de luchar por tus objetivos hasta llegar al infierno de cualquier emprendedor: la inseguridad. Es exactamente allí que la protección emocional cumple su papel fundamental.
La protección emocional no es aprendida en la escuela. Está claro que podrías contar con la ayuda externa de mentores, técnicos y gurús que te darán consejos preciosos, pero que siempre serán algo de afuera hacia dentro. La protección emocional viene de dentro hacia afuera. Comienza con una profunda reflexión sobre el impacto e influencia que la decisión de salir, el cambio, causará sobre ti y sobre los que te rodean. Pasa por un ejercicio de escenarios, en el que tú debes mentalmente imaginarte las situaciones que pueden sucederse, practicar aquel “¿Y si?”. Depende de una idea clara de propósito: ¿Estás al servicio de qué? Es necesario también conocer muy bien las expectativas de las personas que dependen de ti y calibrarlas para la nueva fase.
Y lo principal: Tienes que ser capaz de gerenciar sus propias expectativas, no soñar demasiado alto, no creer que todas las personas quieren tu éxito y que van a ayudarte. No lo quieren y no lo harán.
Resumiendo: Fíjate un plazo para salir y constrúyete una protección emocional. El resto dependerá de tu eficiencia profesional, y eso tú tienes de sobra.”
Mi amigo pagó el almuerzo.
Luciano Pires
Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
Protección emocional
- Sex, 16 de Dezembro de 2011 22:26
- Luciano Pires
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