Siempre al inicio de una conferencia examino la platea en busca de las personas que reaccionan con expresiones de contento y de concordancia con mis palabras. Personas conectadas conmigo, que servirán como mis “peldaños”. Es en ellas que poso la mirada de vez en cuando. ¡Cada vez que cruzo miradas con un “peldaño”, siento que estoy agradando a todos! Eso me energiza, me da seguridad y hace con que la conferencia gane energía e interactividad. Al final, si un peldaño viene a cumplimentarme, yo le cuento cómo es que me sirvió y le agradezco por la ayuda.
Pero siempre existen los opuestos a los peldaños, a los que yo llamo “pozos”: gente con expresión seria o de enfado, que da señales explícitas de discordancia. Gente que da la impresión de no estar gustando de lo que está viendo y oyendo. También localizo a los pozos, para desviar la mirada de ellos. De esta forma me evito la impresión de que no estoy agradando. Los pozos me ponen inseguro, me debilitan, me quitan el ardor.
Una vez, un señor ya con sus sesenta y tantos años se sentó allá en el fondo del auditorio repleto, casi en medio del corredor. Era imposible no verlo. Durante toda la conferencia el “pozazo” permaneció mal encarado, no rió de mis bromas, no expresó concordancia, no expresó nada. Sólo mala cara. Me incomodó profundamente. Casi me dirigí hacia él para preguntarle cuál era el problema. Fue bastante complicado dictar la conferencia con ese pozo ahogándome. Al final, cuando las personas vinieron a comentar, felicitar y tomarse fotos conmigo, percibí que el pozo no se había retirado, muy por el contrario, estaba allí parado, esperando. Él se aproximó, me extendió la mano y, serio, me dijo:
- Quero agradecerle por su conferencia. Fue una de las mejores a las asistí en mi vida. ¡Era exactamente lo que yo necesitaba oír!Sorprendido, se lo agradecí. El ex pozo dio media vuelta y se fue, dejándome con una sensación de idiota. ¿Cómo es que no percibí que él estaba gustando?
Pues bien... Exporté este concepto de los “peldaños y pozos” a mi vida. En todos los momentos necesitamos de “peldaños”, y muchas veces, inclusive sin percibirlo, somos “pozos”. Aprendí que los líderes deben tener conciencia de la importancia de su papel como “peldaños”, transmitiendo la seguridad, el entusiasmo y la vibración que motivan y energizan a las personas. Los líderes peldaños son refugios. Ni precisan abrir la boca. Con un gesto, una mirada, una señal positiva, lo encienden a uno. Los líderes peldaños saben que los mayores beneficiados por sus actitudes constructivas serán ellos mismos, al infundir en sus equipos energía positiva. Y es muy fácil reconocer a un equipo que tiene líderes peldaños ¿Verdad?
Desgraciadamente en esta vida de conferencista y consultor, he encontrado muchos líderes iguales a aquel señor de mi conferencia: a los ojos de sus liderados son pozos simplemente por no expresar su satisfacción.
Esté atento entonces. Para ser un “líder peldaño” no basta ser peldaño.
Tiene que parecer peldaño.
Luciano Pires
Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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Pozos y peldaños: una lección de liderazgo
- Sex, 18 de Fevereiro de 2011 19:56
- Luciano Pires
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