Café Brasil

Sexta,18 Maio 2012

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Memorias de un inconforme

Fui abordado por un lector después de una conferencia. Él se quejó de que apelo repetidamente a remembranzas personales en mis textos, invocando un pasado que poco o nada tiene que ver con suyo. Entendí entonces una deliciosa frase del escritor español Max Aub: “Hay tres categorías de hombres: los que cuentan su historia; los que no la cuentan y los que no la tienen.”

Y él: Mmmm. Prefiero cuando usted es crítico sobre actualidades. 

Yo: Muchos de mis textos traen críticas, pero no creo que eso haga de mí un “crítico”. Si usted dijera “inconforme” yo concuerdo. En medio siglo de vida aprendí a reconocer el engaño que es caer en la crítica a las instituciones, al pueblo, a las elites, al gobierno. Esos blanco nunca tienen dirección conocida y criticarlos resulta rigurosamente en nada. Mi indignación es con aquellos que tienen el poder de cambiar la situación, pero que no la cambian, evitando el compromiso con valores morales y con la cultura del país. Es esa gente que ayuda a construir una visión distorsionada de Brasil, tornando inclusive hasta justificable la violencia de parte del pueblo contra nuestros símbolos y tradiciones. 

Él: Pero ¿Quien cree usted que tiene ese poder, ese privilegio, esa fuerza y capacidad para provocar cambios? 

Yo: ¡Mírese en el espejo! Todo mundo tiene el poder de despertar al cambio. El profesor en sus alumnos, los padres en sus hijos, el médico en su paciente, el pastor en los fieles, el actor en la platea, el escritor en sus lectores, la esposa en el marido, el dueño en la mascota... Y viceversa. Aquello que usted llama “crítica” es mi esfuerzo para despertar la conciencia de su impacto e influencia sobre las personas. No quiero que usted crea que yo estoy correcto, que me siga, que concuerde conmigo. Sólo quiero que usted se interese y evite echar la responsabilidad sobre las instituciones, sobre las elites, sobre el pueblo. Eso resulta muy cómodo.

Él: Luciano, por falta de educación, las personas depredan, roban libros, esculturas y cualquier otro recuerdo de nuestra historia sucia, hipócrita y triste. Confórmese con que siempre fue y será así.

Yo: Efectivamente. En cualquier lugar civilizado, depredar, robar, engañar, da pena de cárcel al trasgresor. En el Brasil de los conformados, sólo da pena. Y eso nos trae de vuelta a su comentario sobre mis memorias. Talvez por nunca haber aprendido con nuestra historia - que es todo menos hipócrita o triste - muchas personas adoptan una visión conformada de los males del Brasil. Nunca aprenden con el pasado, con las memorias. Por eso es fundamental conocer el pasado.

Cuando apelo a las memorias personales, busco reflexiones que traigan enseñanzas. Algunas son críticas, otras con buen humor, otras son casi poéticas. Pero todas son reflexiones sobre un pasado precioso donde están las lecciones para el futuro. Quien no tiene memoria, pierde sus referencias, resulta vacío y conformado, apoyándose apenas en una estrategia para la vida: la esperanza, ¿entiende?

Sólo que la esperanza nunca fue estrategia.

Sin embargo, talvez sea el único recurso de los que no tienen memoria. 

No se si él quedó satisfecho, pero que le dejé la pulga detrás de la oreja ¡Eso sí que lo hice!

Luciano Pires


Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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