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Sexta,18 Maio 2012

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Love, Janis

En víspera de cumplirse los 10 años del atentado a las Torres Gemelas, el 11 de Setiembre de 2011, decidí reproducir un artículo que escribí en 2003:

Corre el año 2002. Un sábado en Manhattan, descubro un show en Greenwich Village: "Love, Janis". Dos muchachas interpretan a Janis Joplin, la cantante y compositora estadounidense que murió de sobredosis en 1970. Una de las chicas interpreta las canciones y la otra recita textos extraídos de las cartas de Janis a su familia y de entrevistas a lo largo de su carrera. ¿El teatro? Más parece un barcito, la gente se sienta casi encima de los atores. Una banda igual a la de Janis. Y yo allí, con gran expectativa, solito. Comienza la pieza (¿o show?). La banda suelta los primeros acordes, la muchacha entra con la vestimenta característica de Janis y explota “Piece of My Heart”. Yo río. Y lloro. Oigo la voz y veo los ademanes de Joplin... y no tengo como escapar. Vuelvo a 1967. El show es sensacional. Salgo del teatro casi a la una de la mañana. Todo retorcido. Decido volver a pie al hotel, localizado al lado de Times Square. Lejos de allí. Camino unos buenos minutos, sin saberlo, en dirección contraria al hotel. Llego a una iglesia con la cerca cubierta de carteles, camisetas, gorras, fotos, flores. En la puerta, un gran panel, donde se lee: “Salida de las Cenizas”. Siento un frío en el estómago. Mira hacia la esquina, un kiosco vendiendo gorras y camisetas. Y la frase definitiva: Ground Zero.

- ¡No es posible! ¿A dónde vine a parar?

Me encontraba justo donde antes se erguían las torres gemelas, derribadas por los aviones en septiembre de 2001, un año antes. Mi corazón bate fuerte conforme acelero el paso.

- ¡No es posible!

Y yo llegando allí. A las dos de la mañana. Por acaso. Sin querer, sin saber. Una plaza de concreto novísimo y muy claro. Una inmensa cerca de metal con paneles contando la historia del World Trade Center. Y una gran cruz hecha con vigas de acero de la estructura de las torres. Era madrugada. Yo estaba saliendo de dos horas que revolucionaron mi cabeza. Saliendo de 1967 y sumergiéndome en 2002. En seco. Sin querer... sin esperarlo. ¿Qué debía hacer? Mirar... Rezar... Buscar alguna explicación para aquel error de dirección que me mandó de vuelta al siglo 21.Varias personas vagaban por la calzada, como si no tuvieran un objetivo claro. ¿Será que estarían allí como yo, sin querer? Me quedé por allí unos minutos. Cogí el Metro y volví al hotel.

Mientras viajaba en el vagón vacío, se alternaban en mi mente Janis Joplin y Bin Laden.

Rock’n Roll y la CNN. Vietnam y Afganistán. Vinilo y CD. Paz y Amor e Internet. Viví en aquella madrugada en Manhattan una mezcla de emociones como nunca había experimentado. Cambiaba de siglos en minutos. Salí de la poesía a la dura realidad en segundos. Del universo de una artista que ayudó a darle forma a su tiempo, a su generación, al del fanático político-religioso que hizo lo mismo. Viví el mal y el bien en intensidades y formas diferentes. El bien del arte, liquidado por el mal del vicio, llevándose a Janis aún a los 27 años. El bien de la tecnología, usado por el mal del fanatismo, llevándose casi 3.000 vidas a la oscuridad...

En aquellos minutos en el Ground Zero, de frente hacia el vacío, sentí la fuerza del espíritu humano para producir arte y destrucción. Y en el balance que hago ahora, una década después, siento felizmente que quedó lo más fuerte:

Love, Janis.


Luciano Pires

 

Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)

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