Café Brasil

Sexta,18 Maio 2012

Atualizado em02:10:22 PM GMT

Tamanho da letra

Estilo do menu

Ajustes

Los renegones

Y entonces Marinalva, que asistía a una de mis conferencias, me preguntó: “Luciano, ¿Por qué es tan difícil que una persona con más de cuarenta años de edad consiga trabajo?”.

¡Dioses!... Lidié con esa cuestión en cada fase de mi desarrollo profesional. Como joven profesional, vi a los “cuarentones” siempre con mucho respeto y admiración. Me quedaba extasiado ante la capacidad de aquellos grandes ejecutivos para tomar decisiones, comandar equipos, lidiar con problemas complejos. Pero siempre yo creí que tenía más coraje que ellos, que lo podría todo ¡Pues tenía 24 años! ¡Creía que yo solo era capaz de cambiar el mundo! Era una criatura impertinente dando corazonadas sobre cosas que desconocía. Con el tiempo fui calibrando mi ímpetu, aprendiendo de mis errores y siendo aceptado por los más maduros. Al final, si la juventud es un problema, tiene cura ¿Verdad? Fue un período de profundo aprendizaje, que duró hasta mis 28 o 30 años.

Ya maduro percibí que no conseguiría cambiar el mundo yo solito. Pues dependía de un excelente equipo, que me permitiese combatir a los que no hacían ni dejaban hacer. La mayoría, “viejos renegones que detentaban el poder”. Percibí la importancia de liderar equipos, motivando y desafiando, sirviendo de ejemplo y orientando a los imberbes impertinentes para canalizar su energía en la dirección correcta. Y me fui aproximando a los cuarenta años de edad. Y a los viejos renegones. Fue un período exuberante de conquistas y, sobre todo, de diversión, que me duró hasta los 45 años.

Después de alcanzada dicha edad los adaptados comienzan a envejecer, en el peor sentido de la palabra. Se callan convirtiéndose en figuras casi decorativas, asistiendo a las burradas siendo hechas y esperando a que les llegue la hora. Pero los inconformes activos experimentan una cosa loca: su ordinaria tolerancia pierde elasticidad. Resultan incapacitados para oír absurdos, para soportar la repetición de las burradas, para lidiar con idiotas, para machacar sobre hierro frío. Se vuelven respondones, implicantes, aburridos y negativos. Y comienzan a incomodar al sistema con su presencia. Dejan de ser convocados a las reuniones y eventos, son lentamente colocados en una esquina como si ya hubiera vencido su plazo de validez, la mayoría en la plenitud de su capacidad, pero habiendo cometido el pecado mortal de no tener más paciencia para soportar la comedia corporativa. Viejos renegones.

Si en el reino animal es la degeneración física lo que torna a los más viejos obsoletos, al resultar demasiado débiles para defenderse y alimentarse, en el reino humano son los estereotipos. “Los más viejos están llenos de defectos y manías; ya no tienen energía para el trabajo; es más difícil comandar a los más viejos, pues tienen opinión y replican. Y encima de eso, tienen familia, dolores y compromisos que los más jóvenes no cargan consigo. Los más viejos son más caros; son ignorantes sobre las nuevas tecnologías y las olas del mercado; en general son más feos, menos agradables, más lerdos y... renegones.”

En el universo profesional de los mediocres, son sólo los jóvenes quienes tienen futuro mientras los más viejos sólo tienen pasado. Es así como el sistema funciona, Marinalva.

Sería una realidad sólo triste, si no fuese así de burra.

Luciano Pires


Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
Clique e recomende

Compartilhe

Recomendação

Gostou dessa página e quer recomendá-la para alguém?
Clique e recomende
Você está em: Artigos Artículos en Español Los renegones