Compré un Kindle, el lector de libros electrónicos de Amazon, y comencé a descargar los libros que yo deseaba. ¡Una experiencia fascinante! Descubro el libro ¡Y en tres minutos lo tengo en mis manos! Luego, percibí que algo estaba faltando...
Vean, hasta hoy la experiencia de consumo de bienes culturales utilizaba visión, audición, tacto, olfato y – a veces – sabor. Pero la tecnología ha hecho con que la visión y la audición sean cada vez más y más utilizadas, los mensajes nos llegan de todos lados ¡Hasta mi carro habla! Pero el tacto se está acabando. El olfato también. El sabor, bueno, talvez no se aplique.
Vine a sentir la falta de aquella sensación de llegar a casa, después de un día de trabajo, y abrir la puerta, ansioso por encontrar la encomiendita de Amazon sobre la mesa. La ansiedad de cada día, hasta que el paquete llegaba y yo cogía con mis propias manos el libro comprado tres semanas atrás, sentía el peso, la textura del papel, el olor a tinta fresca, el brillo de las ilustraciones... ¡Que delicia!
¿Y la experiencia de sentarme en el piso de la librería, allí, al pie de aquel estante olvidado y quedarme por horas rebuscando los libros más escondidos? ¿El olor de papel guardado, el frío en la barriga al hallar aquel libro de aquel autor que procuraba hace tanto tiempo?
¿Y la sensación de abrir la cajita del CD o DVD, coger con las manos el disco y meter el dedo en el agujerito central antes de colocarlo en el reproductor? ¿Y aquella degustación del encarte? ¿Y el “voy a la tienda de alquiler”, donde no sabía qué nuevas películas hallaría, y a veces me daba con sorpresas maravillosas?
Todo eso se está acabando, superado por la modernidad. En vez del libro, del CD o del DVD, tenemos “bites”, que son más rápidos, más baratos, no ocupan espacio, ¡Una maravilla! Pero “bites” no tienen peso, no tienen olor, no tienen gusto, no tienen brillo. Sólo llegan a nuestros sentidos cuando son transformados en imágenes y sonidos. En breve talvez inicien su transformación en olores y sabores, pero ¿y el tacto?
Ya pasamos por un proceso parecido cuando el e-mail acabó con las cartas que el cartero entregaba y que nos daban aquella alegría inmensa de saber que alguien en algún lugar había transformado un pedazo de papel y un poco de tinta en una obra de artesanía, especialmente para nosotros... El e-mail no ofrece esa sensación.
Y antes que usted salga etiquetándome de nostálgico, sepa que nada de esto tiene que ver con la nostalgia sino con la perplejidad de testimoniar uno de aquellos profundos cambios que alteran el eje de la humanidad.
Entonces concluyo que, basado en lo que aprendimos con la Teoría de la Evolución, el uso excesivo de la visión y la audición hará crecer nuestros ojos y orejas. Y diminuirán nuestras narices, bocas y músculos. Tendremos dedos más finos y frágiles. El ser humano será ojón y orejón.
¿Es eso malo? No lo sé, pues no estaré allí para verlo.
Pero de ser extraño, sí que lo es.
Luciano Pires
Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
Los ojones
- Dom, 28 de Agosto de 2011 11:00
- Luciano Pires
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