“Marco Aurelio Silva da Rosa, más conocido como la danzarina de funk Lacraia murió, a los 34 años, en la madrugada de este último martes.”
Recibí esta lacónica y breve noticia a través del twitter informando sobre la muerte de un icono brasileño de inicios del siglo 21. Lacraia irrumpió en el escenario en 2003 cuando la canción Eguinha Pocotó (yeguita pocotó) se convirtió en uno de los mayores éxitos en la radio y televisión del país.
Marco Aurelio creó un personaje andrógino con el sobrenombre de Lacraia (ciempiés), que era un bailarín de funk carioca y causaba furor donde se presentaba, no tanto por sus dotes artísticas sino por la irreverencia y rompimiento de patrones. Asumía su homosexualidad, besaba a hombres en la boca y cantaba trechos de letras pornográficas que hacían sonrojar a la platea más conservadora. Junto con Serginho, el creador de la canción, Lacraia fue fundamental para que yo crease el concepto que inspiró la redacción de mi libro Brasileiros Pocotó, mi conferencia homónima y el propósito de “desembrutecer el Brasil”.
Y hoy cabe repetir algo que vengo diciendo desde 2003, incansablemente.
Lacraia era uno de aquellos artistas llamados “populares” que siempre existieron y existirán. Si retrocedemos en el tiempo, encontraremos ejemplos de personas que actuaron en la misma línea de la trasgresión a las normas, obteniendo diferentes grados de éxito. Estos artistas jamás fueron el “mal” a ser combatido. Usted puede gustar o no de ellos, pero no puede negarles el derecho de existir. Ni negarles a las personas el derecho de gustar de ellos.
El problema está en el engranaje que captura, tritura, procesa y después descarta a tales individuos. Y en el medio del proceso vende su trabajo empaquetado en un “proyecto de marketing” cuya intención es única y exclusivamente vender la mayor cantidad de CDs y shows en el menor espacio de tiempo posible. Este engranaje envuelve a empresarios, disqueras, productores de eventos, productores de radio y TV que usan sus talentos para conquistar el gusto popular y vender, vender mucho. Cuando la moda pasa, el artista es simplemente descartado, como es el caso de Lacraia que, por lo que consta, murió prácticamente sólo en un hospital, tal como Simón, “El Gran Varón” de la celebérrima salsa de Willie Colón.
A pesar de ello, para un artista olvidado en un gueto, tornarse celebridad, aunque sea por poco tiempo, es muy bueno. Para la industria de la música, que va a generar empleos, también es bueno. Así como es bueno para los consumidores que van a disfrutar una cancioncita sin ningún compromiso.
Pero cuando esos proyectos de marketing ocupan todos los espacios, dejando de lado a los talentos que son considerados “no comerciales”, ese proceso es ruin, por excluyente. Alguien está eligiendo lo que será transmitido a través de los canales de los mass media, y esa elección es realizada con base en... prejuicios. ¿O no?
El personaje Lacraia era feliz, siempre sonriente, bien humorado y se divertía con todo lo que hacía. Personalmente yo no gustaba de su arte, pero él tenía todo el derecho a ejecutarlo. Ya Marco Aurelio, que tenía que soportar las consecuencias de sus elecciones, no lo sé.
Sólo puedo lamentar su muerte y desear que, de algún modo, haya dejado algún legado.
En mi caso, lo dejó.
Luciano Pires
Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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Lacraia
- Sex, 13 de Maio de 2011 13:11
- Luciano Pires
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