Café Brasil

Sexta,18 Maio 2012

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La ladrona

Fui al Barra Shopping Sur en Porto Alegre a ver una exposición sobre el Titanic. Es un tragamonedas, pero impresiona a quien – como yo – es encantado por la historia de aquel barco. Valió cada moneda tragada... De vuelta al hotel, descubro que olvidé mi celular en el taxi, ¡Un IPhone 4 nuevito! Llamé al Shopping, conseguí hablar con el paradero de taxis del Shopping, pero de nada sirvió. No tenía el modelo del carro, la placa o el número, ni el nombre del conductor. Angustiado, regresé al shopping. Eran las diez y media de la noche. Estuve plantado frente al paradero de taxis para ver si reconocía al conductor y... ¡lo reconocí!

- ¿Fue usted que me llevó a mi hotel minutos atrás?

- ¡Sí fui yo!

- ¡Vaya! ¡Olvidé mi celular en el asiento de su carro!

- ¡Ah! Vea señor, después de usted, hice una carrera a una mujer. Ella se sentó en el celular. Cuando ella salió del carro yo vi el celular, creí que era de ella y le avisé que estaba en el asiento. Ella lo cogió, lo miró, lo guardó en su bolso y bajó del carro... Sentí un escalofrío. Si ella no tuviese la intención de robarlo, lo habría devuelto al taxista, ¿Verdad? Al ver mi expresión de desánimo él continuó:

- Pero yo sé en donde dejé a la mujer. ¿Quiere que lo lleve hasta allá?

- ¡Sí, quiero!

Bien, voy a acortar la historia. Localizamos el apartamento de la mujer en un edificio de clase media. Ella bajó hasta la portería acompañada de su hijo, un joven adulto, y desmintió que hubiese hallado el celular. El taxista, inconforme insistió, describiendo el celular y la escena.

- ¡No cogí ningún celular!

Y Listo. Se armó un escándalo, amenaza de llamar a la policía y todo lo demás. Pero no sirvió. Fui a la delegación policial y el propio escribano me aconsejó: 

- Déjelo ya.

Recibí dos porrazos. El menos doloroso fue la pérdida del aparato. Pero la escena de la mujer encarándonos y diciendo – delante de su hijo – que no había robado el celular, fue un choque. No consigo entender como es que alguien puede quedarse con algo que no es suyo, teniendo la oportunidad de devolvérselo al dueño...

Conocí una ladrona. Sus valores individuales – los que orientan el comportamiento, determinan nuestras prioridades y nos definen como individuos – están en total desacuerdo con los míos. Mis valores están relacionados a la virtud, los de ella al vicio. Quien vive los valores virtuosos sufre ante las elecciones morales. Es tentador quedarse con lo “hallado”. Y vencer esa tentación duele. 

Pero quien no vive los valores virtuosos, dejándolos tan sólo flotando sobre su vida, ni percibe que las elecciones morales necesitan ser hechas. Ni siquiera entiende que el dicho “hallado no es robado” es apenas una justificativa para un comportamiento indigno. Gente así tiene desvalores individuales.

Conocí una ladrona. Que además de mi celular, robó un poco más de mi fe en la naturaleza humana.

Luciano Pires

Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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