Café Brasil

Sexta,18 Maio 2012

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Humanidad en medio del horror

En mi conferencia “Quien no se comunica, se trumbica”(1), trato sobre la importancia del contexto para entender las informaciones que nos llegan. Y recientemente recibí un texto de mi amigo Ed Rene Kivitz, que explica de forma dura y cruda como el contexto puede alterar completamente una “verdad”. Usé el texto en el podcast Café Brasil 270 – El Complicado Arte de Ver, sin embargo, quedé tan impresionado con la historia que decidí ir más allá y compartirla aquí con usted. Pero antes, una explicación:

Bergen-Belsen fue un campo de concentración nazi en Alemania. Entre 1943 y fines de la II Guerra Mundial, se estima que 100.000 prisioneros murieron allí. Cuando el campo fue liberado por el ejército británico, el 15 de abril de 1945, fueron hallados 60.000 prisioneros, la mayoría enfermos, además de 13.000 cuerpos dispersos por el lugar. Veja un trecho del texto que Ed retiró del libro DIOS Y SEXO, de Rob Bell, que reproduce parte del diario del teniente coronel Mercin Willet Gonin, uno de los libertadores del campo: 

“Soy incapaz de una descripción apropiada del circo de horrores en que mis hombres y yo habríamos de pasar el mes siguiente de nuestras vidas. El lugar es un desierto inhóspito, desprotegido como un gallinero. Hay cadáveres esparcidos por todos lados, algunos en pilas enormes. Me tomó un tiempo acostumbrarme a ver hombres, mujeres y niños desplomarse al pasar junto a ellos. Se sabía que 500 de ellos morirían diariamente antes de que alguna cosa que estuviese a nuestro alcance hacer causara algún impacto. No era fácil ver un niño morir sofocado por la difteria cuando se sabía que una traqueotomía y algunos cuidados la habrían salvado. Se veían mujeres ahogadas en su propio vomito porque estaban demasiado débiles para voltear de lado. Hombres comiendo gusanos agarrados a medio pedazo de pan por el simple hecho de que necesitaban comer gusanos si querían sobrevivir. Y porque después de algún tiempo, eran incapaces de distinguir una cosa de la otra. (...) En una fosa de desagüe flotaban los restos de un niño. Poco después de la llegada de la Cruz Roja británica, llegó también un gran cargamento de lápiz labial. No era en absoluto lo que queríamos, clamábamos por centenas y miles de otras cosas. No sé quien pidió lápiz labial, pero gustaría mucho descubrir quien fue que hizo eso. Fue una genial inspiración, de habilidad pura y natural. Creo que nada contribuyó más para aquellos prisioneros de guerra que el lápiz labial. Las mujeres se acostaban en las camas sin sábanas y sin camisolas, pero con los labios escarlata. Se podía verlas deambulando por todos lados sin nada, a no ser un cobertor sobre los hombros, pero con los labios bien rojos. Vi una mujer muerta sobre la mesa de autopsia, cuyos dedos aún prendían un pedazo de lápiz labial. Finalmente alguien hizo algo para tornarlas humanas de nuevo. Eran gente, no más un simple número tatuado en el brazo. El lápiz labial comenzó a devolverles la humanidad, porque, a veces, la diferencia entre el cielo y el infierno puede ser un poco de lápiz labial.”

¿Lápiz labial? ¿En un campo de concentración? Efectivamente... Es imposible entender el mundo cuando desconocemos el contexto en el cual las verdades toman forma.

Es posible tener una idea de lo que pasó en ese entonces asistiendo a las escenas de la liberación de Bergen-Belsen en Youtube, accediendo al siguiente link: http://youtu.be/pzdtPcNwRtM. Pero advierto que el vídeo es terriblemente impactante y perturbador, mas necesario para que esas escenas nunca más se repitan y los que niegan el Holocausto sean debidamente ignorados.

----(1) Dictado popular brasileño utilizado por el no menos popular presentador de televisión (y por ende gran comunicador social) Abelardo Barbosa, el famoso Chacrinha, ya fallecido. [Nota del Traductor]

Luciano Pires

Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)

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