Café Brasil

Sexta,18 Maio 2012

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Generación T

Mi amigo Patrick es francés y vive en Brasil hace años. Tiene una visión crítica de la forma de ser del brasileño en comparación con otros pueblos, especialmente los europeos. Y yo me divierto mucho con él. Recientemente, estando él presente en uno de esos eventos de moda que tratan sobre redes sociales, me telefoneó para describirme el público. Jóvenes, muy jóvenes, con sus IPads e IPhones, accediendo al Twitter furiosamente mientras asistían a las conferencias de decenas de especialistas. Al final de su alocución, invariablemente el presentador decía:

- ¿Alguna pregunta?

Silencio. Nadie. Nada. Y así fue, de conferencia en conferencia. Nadie nunca preguntaba nada. Patrick entonces dijo que aquella era la generación T. Te de testigo: “Soy testigo de todo, pero no tengo opinión de nada.” Es eso justamente lo que vengo viendo por allí: la generación T dominando los espacios y dedicándose a la única cosa que consigue hacer: contar a los otros lo que vio. O como máximo, repetir la opinión de terceros, mientras permanece incapaz de analizar, comparar, juzgar y de emitir opiniones.

Pero ¿Sabe lo más loco de esto? Que la “generación T”, diferentemente de otras generaciones, parece no tener un período definido. No está compuesta exclusivamente por gente que nació entre el año X y el año Y... Está claro que la cantidad de jóvenes es muy grande, pero ella generosamente engloba gente nacida desde 1950... 

En mi conferencia “Quem não se comunica, se estrumbica”(1) menciono un estudio que muestra que en los 40 mil años que pasaron, desde el momento en que el hombre descendió de los árboles hasta inventar la Internet, la humanidad produjo 12 mil millones de gigabytes de información, algo así como 54 billones de libros con 200 páginas cada uno. Ahora, veja esto: ¡Sólo en el año 2002 producimos los mismos 12 mil millones de gigas! Generamos en un año lo mismo que en 40 mil años... ¡En 2007 fueron más de 100 mil millones de gigas! ¡Y en 2012 serán algunos billones! Producimos información a una velocidad cada vez mayor mientras inventamos artilugios que tornan cada vez más fácil acceder a tales informaciones. Pero, ¿De qué sirve tener acceso a las informaciones si no tenemos repertorio para dar un sentido a la realidad?

El resultado es la generación T, que sabe todo lo que sucede, pero que no tiene idea de porqué sucede. Se entrega a la tecnología de cuerpo y alma, como “vending machines”, aquellas máquinas automáticas de vender refrescos en lata, ¿Entiende? Distribuidores de contenido de terceros, enfocados en el proceso de distribución, pero sin compromiso alguno para con el contenido distribuido.

Nada sorprendente, en realidad. Querer que las generaciones, que emergen de nuestro sistema educacional fallido, conozcan cuestiones conceptuales, paradojas, tradiciones, estilos de comunicación, relaciones de causa efecto, encadenamiento lógico de los argumentos y significados para poder ejercer el sentido crítico ¿Es demasiado, no? Es más fácil y menos comprometedor simplemente contar a los otros aquello de lo que nos enteramos.

La generación T no consigue ejercitar su curiosidad intelectual, sólo la curiosidad social. Intenté hallarle un nombre a este fenómeno y acabé concluyendo que sólo puede ser uno: chisme.

La generación T es la generación de los chismosos. Y usted es testigo de ello.


(1) Dictado popular brasileño utilizado por el no menos popular presentador de televisión (y por ende gran comunicador social) Abelardo Barbosa, el famoso Chacrinha, ya fallecido. [Nota del Traductor]

Luciano Pires

Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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