En 1999 el cuerpo del alpinista inglés George Mallory fue encontrado a cerca de 8,200 metros de altitud en el monte Everest. Mallory desapareció en junio de 1924 cuando estaba ya cerca a la cumbre de la montaña. Una afirmación de uno de los alpinistas que halló el cuerpo llamó mi atención:
“Me quedé impresionado con las ropas que él usaba. Hoy en día, en el invierno, cualquier persona caminando por las calles de Seattle está más protegida que Mallory en el Everest en 1924.”
Recordé esta historia durante una visita que hice a una empresa en la cual fui recibido por el principal ejecutivo, que tomó especial cuidado en identificarse como CEO – Chief Executive Officer. Bonito ¿verdad? Después fui presentado al CMO, al CFO y al COO, ejecutivos de marketing, finanzas y de operaciones, respectivamente. Todos jóvenes MBAs formados en el exterior.
Al recorrer la empresa pasamos por salas vacías, mesas vacías y grandes áreas igualmente vacías. Y los jóvenes CEO, CFO, CMO y COO decían con orgullo: “Esto ya estuvo atiborrado de gente. Hicimos una reestructuración a lo largo de los últimos dos años y redujimos en 45% el número de personas ¡Mientras nuestra productividad creció en 22%! Insistimos en dejar estos lugares a la vista de todos. Son nuestro Monumento a la Incompetencia.”
En mi conferencia ‘Mi Everest’ afirmo que una de las enseñanzas más importantes del viaje al Campo Base de la montaña más alta del mundo fue aprender que, cada vez que mirase hacia arriba, debería mirar cinco veces hacia abajo. Quien practica montañismo sabe de lo que estoy hablando. Cuando usted está al pie de la montaña y observa la senda que va a escalar, siente un frío en la barriga. Usted ve a las personas allá arriba, como hormiguitas, y sabe que para llegar hasta allá tendrá que realizar una escalada de ocho o nueve horas. Entonces ataca la montaña. Un pasito aquí... otro allá... en un penoso proceso. Cuando mira hacia arriba, percibe que su objetivo aún está muy lejos, pero al mirar hacia abajo la magia se revela. Descubre que el campo base de donde salió está alláááááá abajo. Cada mirada hacia abajo nos ofrece la seguridad de que venimos progresando, generando energía para subir más. Eso es automotivación: la certeza del progreso nos empuja hacia arriba.
Lo que aquellos jóvenes COs llamaron “Monumento a la Incompetencia” es en realidad el recuerdo de los pioneros que, con la carga sobre las espaldas, sin computadores, celulares e Internet, asumieron el riesgo de salir allá desde el “campo base” para desarrollar el negocio que ellos hoy dirigían. Evaluar el pasado a través de los lentes del presente y llamar “incompetencia” al esfuerzo de las personas que pasaron por los años de hiperinflación, incertidumbres, régimen cerrado, tecnologías rudimentarias, apertura económica y dólar alto es como observar hoy las ropas de George Mallory y creer que él fue un incompetente. No lo era. Usó lo mejor que había en su época y por poco no alcanzó su objetivo.
Felicité a los COs por el éxito y dejé con ellos una recomendación:
- Rebauticen los “Monumentos a la Incompetencia” como “Memoriales a los Héroes del Pasado”. Fueron ellos quienes los trajeron a ustedes hasta aquí arriba.
Luciano Pires
Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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El monumento a la incompetencia
- Dom, 29 de Maio de 2011 20:33
- Luciano Pires
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