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Sexta,18 Maio 2012

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El cuello de botella

Una de las principales reflexiones de mi conferencia “Gente Nutritiva” es que el tiempo es vida. Quien desperdicia el tiempo de los otros, desperdicia la vida de los otros... Y hago referencia a un caso, veámoslo:

Uno de los proyectos que más satisfacción me dio el ejercer la dirección del área de comunicación de una multinacional, fue la edición de nuestro periódico interno, El Piñón. Cuando la edición del periódico fue transferida del área de RH hacia la mía, tomé una decisión estratégica: si el periódico era interno, tenía que hablar de gente. Y si hablaría de gente, tenía que mostrar a esa gente. Y pusimos en práctica la iniciativa de que cada edición estuviera repleta de fotos de varios de los más de 5 mil colaboradores de la empresa, siempre con una actitud positiva, una sonrisa, una imagen dinámica. Desde el jardinero hasta el director, de la cocinera al ingeniero, del portero al Presidente. Y un día tuve otra idea: mandar una cartita de agradecimiento a cada uno de los empleados retratados en el periódico, inclusive en las fotos grupales. ¡Junto con una tarjeta mía! ¡Y eran en promedio de 100 a 150 empleados por edición! Apenas el periódico era publicado mi secretaria averiguaba los nombres de los “contemplados”, imprimía las cartas y las traía para que yo escribiese las notas y las firmara. Después las remitía a los líderes de cada sector, que entregaban las cartas en las propias manos del destinatario. Todos los meses era la misma cosa, la secretaria entraba a mi oficina y colocaba sobre mi escritorio una pila de 150 cartas... Sí, yo insistía en que fuese una  tarjeta de mi propio puño y letra, y subscrita con una firma real, no una copia impresa.

Aquella sencilla cartita con la nota firmada por el director causaba un enorme impacto en los empleados. Ellos la guardaban con cariño, la llevaban a casa, felices y orgullosos.

- ¡Alguien de allá arriba se acordó de mí!

Cuando la pila de cartas era colocada en mi escritorio, yo paraba todo lo que estaba haciendo, escribía las notas y las firmaba una a una. En minutos devolvía la pila a mi secretaria. Más de una vez mis colegas hallaron eso extraño y me preguntaron qué razón tenía yo para priorizar las cartas cuando tenía cosas “más importantes que resolver”. Y yo respondía: 

- No tengo vocación de cuello de botella...

El proceso de las cartitas involucraba a mucha gente y muchos pasos: invitar a personas, montar la foto, elegir y editar, publicar, investigar los nombres, redactar las cartitas, firmarlas y remitirlas. Y todo se detenía completamente mientras yo no firmase las susodichas. ¡Yo podría ser el cuello de la botella!

Quien ejerce papel de líder necesita entender que existe mucha gente con reacción rápida, que gusta de hacer las cosas pronto y de una vez, que gusta de anticiparse a los plazos. Cuando tengo gente así trabajando conmigo, quiero tener la seguridad de no convertirme en el cuello de botella del proceso. Me vigilo para prestarles atención inmediata cuando la precisan. No quiero a nadie frustrado y esperando por mis decisiones. Prefiero funcionar como uno de aquellos tractores que arrancan las piedras que obstaculizan el camino, dejando la carretera libre para que las personas puedan correr sobre ella.

No desperdiciar el tiempo de los otros es valorizar la vida de los otros.

Hay gente que llama “eficiencia” a aquello. Yo prefiero llamarlo respeto.

Luciano Pires

Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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