Otro fin de año, época en la que tomamos aquellas decisiones que siempre resultamos abandonando, ¿Sabe de lo que hablo, verdad? El año que viene voy a adelgazar, voy a convertirme en conferencista, a dejar el cigarro, cambiar de empleo, cambiar de amor, cambiar de país... cambiar, cambiar, cambiar. Y doce meses después miramos hacia atrás y constatamos que no conseguimos hacer lo que dijimos que haríamos. Faltó acabativa.
Anos atrás hallé en un texto de Stephen Kanitz esta palabra genial: “acabativa”, que no existe en los diccionarios. Su oposición al termo “iniciativa” explicita el concepto de Hacer Realidad con claridad absoluta: “Basta de iniciativa. Necesitamos de acabativa”. O “¿De que sirve tener iniciativas sin tener acabativas?”. Transformé el término en una de mis marcas como conferencista y a lo largo del tiempo observé ciertas “categorías de conciencia” con relación a la acabativa, que talvez usted reconozca.
Primera categoría: el “chicheñó”, gente que sólo se moviliza cuando recibe órdenes y hace exactamente aquello que el jefe mandó. Para los chicheñós, la acabativa es un estímulo externo, necesariamente acompañado de instrucciones y de la amenaza de represalia si la orden no es ejecutada. Los chicheñós son motivados por el miedo, que provoca alto envolvimiento, pero comprometimiento cero. Practican el pensamiento crítico apenas para reclamar del jefe, de la empresa, de los políticos y de la vida. Los chicheñós son la mayoría en el universo profesional. Reactivos, se transforman en pesos muertos cuando no hay jefe a quien obedecer.
Segunda categoría: los “asnos con iniciativa”, gente que sale actuando sin reflexionar al respecto, incapaz de comprender el impacto e influencia de sus acciones sobre otras personas y procesos. Esta gente no consigue relacionar causa con consecuencia, actúa por impulso e intenta siempre aplicar viejas soluciones a problemas nuevos. Los asnos con iniciativa son peligrosos, ya que no comprenden las consecuencias de sus actos. Y cuando son criticados acaban indignándose, pues se consideran reprimidos en sus iniciativas. Acabativa en manos de estos es una amenaza...
Tercera categoría: los “pasadores de bola”. Son especialistas en poner la responsabilidad en las manos de otros. Basta una palabra y listo: es a sus brazos que ellos arrojan el problema. Esa gente tiene una facilidad impresionante para poner la culpa en otras personas y procesos. En manos de ellos las cosas no caminan, y siempre tienen una explicación para el “porque no lo hice” “porque no resultó”. Los pasadores de bola desconocen el significado del término acabativa. Jamás pasan de la iniciativa.
Cuarta categoría: el cagón. Sobre él ya escribí otros textos, pero el cagón tiene un papel importante como complicador de la acabativa. Él no admite correr riesgos, evita tomar iniciativas por miedo a las consecuencias y siempre que puede aconseja a los otros a no hacer, a dejar las cosas como están. Para el cagón, la acabativa es una incomodidad.
Existen otras categorías que abordaré en artículos futuros, pues pretendo profundizar en la cuestión de la acabativa. Lo más importante es constatar que Hacer Realidad exige coraje, capacidad de vislumbrar lejos, visión global, comprometimiento y – sobre todo – entender a donde es que se quiere llegar. Sin eso sólo es posible obedecer órdenes, hacer cagadas, responsabilizara a los otros o... ser un cagón.
¿Y? Entonces, ¿Reconoció a alguien?
Feliz Navidad.
Traducido al castellano por Walter Casas (waic22@yahoo.com)
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